¿Quienes necesitan un ERP?
Arturo Arrea • 17 de octubre de 2019

A lo largo de mi vida como asesor empresarial
he tenido el placer de trabajar con clientes en diferentes países e industrias. En este artículo quiero hablarle a aquellas empresas líderes en su nicho, donde el valor entregado es magnífico y tiene potencial de expandir en el mercado.
El factor limitante de estas empresas (el cuello de la botella) es no poder tomar decisiones empresariales correctas en el corto tiempo por falta de una visión holística de su negocio.
Las empresas que quieran crecer necesitan un ERP
Estas empresas son fáciles de identificar, las hay por montones. Tal vez usted, señor/a lector/a, sea el/la CEO o alto/a ejecutivo/a de una de ellas. “¿Ha tomado usted decisiones sobre el curso de su empresa y luego se ha preguntado: ¿en qué estaba pensando cuando decidí eso?” o se ha dicho: “¡si pudiera ver las cosas más claramente, me sería más fácil tomar decisiones correctas!”
Si le ha pasado eso, entonces lo más probable es que usted encaje en el perfil de empresas a las cuales me he especializado en apoyar. Sin embargo quiero que quede claro: este artículo no tiene como meta persuadirlo para que sea mi cliente. Quiero simplemente mostrarle una posible solución elegante a sus problemas. Yo lo llamo “un sistema inteligente de TI”, más conocido como ERP
(Enterprise Resource Planning – Planificación de Recursos Empresariales).
¿Qué es un sistema inteligente de Información Tecnológica (TI)?
Básicamente estamos hablando de una herramienta informática que permite centralizar el flujo y la gestión de la información sobre el negocio de manera integral. Facilita muchas cosas, como la toma de decisiones, el monitoreo, el reconocimiento de errores, la planeación etc…
Sin embargo, hay que tener mucho cuidado. No se trata de instalar un software en algún lado y ya todo va a mejorar como por arte de magia. Tal vez así sea como las casas productoras de dichas herramientas lo tratan de vender, pero en la mayoría de los casos eso no funciona. La clave del éxito
es la preparación de la empresa hacia la nueva tecnología, y luego la adaptación de la tecnología a la realidad de la empresa.
Implementación estratégica y efectiva
Adaptar a la empresa para sacarle el máximo a la tecnología.
Imagínese un carro que anda a 5 km/h como velocidad máxima. Este carro no necesita un sistema de amortiguación o una caja de cambios de 5 velocidades. Pero si nuestra meta es instalar un nuevo motor mucho más potente para que ese vehículo pueda viajar a 150 km/h, entonces habrá que hacer cambios, cambios que tal vez el piloto nunca había creído necesarios (por que nunca fueron relevantes para él, viajando a 5 km/h). Puesto en el contexto empresarial, estamos hablando de adaptar los procesos internos, no sólo para que sean compatibles con la tecnología, sino sobre todo para que la puedan aprovechar al máximo.
Adaptar la tecnología a la empresa.
Una vez que la empresa ha sido preparada para poder viajar y crecer más rápido, debemos asegurarnos que el sistema se adapte a la realidad empresarial. Esta sección la rigen factores económicos (costos de licencias, mantenimiento del software, equipo requerido TI, etc.) y estratégicos (escalabilidad de la solución, capacidad de adaptarse a nuevas circunstancias futuras, etc.).
Adaptarse a las condiciones variables de mercado.
También la capacidad del sistema de adaptarse dinámicamente es crucial. Ya no estamos en los años 70’s, ahora los mercados son más volátiles que nunca. ¡Sin embargo, pocas soluciones empresariales lo reflejan! Ante la velocidad de ese cambio en los mercados es hora de que surja un nuevo modelo de pensamiento y dejar de operar con estrategias obsoletas, es momento de decidir y cambiar a un nuevo modelo de gestión de liderazgo que le permita competir a la misma velocidad que el mercado lo exige.
Espero poder haberle sembrado la inquietud acerca de un sistema inteligente de TI para su empresa. Si quiere aprender más sobre oportunidades de crecimiento que ofrecen las nuevas tecnologías, le recomiendo que descargue nuestro ebook.












